¿Vivir con amigos? No pongas en riesgo una linda amistad

Imagen por: Devin Avery (Unsplash)

Sea porque apenas estás empezando a independizarte o porque tus condiciones económicas actuales no te permiten asumir una renta solo, la opción de vivir con un amigo o con un roommate siempre florecerá en tu cabeza.

Sin duda lo primero que te viene a la mente cuando estás a punto de tomar esa decisión son las facturas de alquiler, agua, electricidad y demás servicios que debes pagar cada mes. Pero detente. Eso no es lo único que debes tomar en cuenta.

Vivir con otra persona que no forma parte de tu familia y que, además, tampoco es tu pareja puede resultar mucho más complicado y estresante de lo que previste.

Si te mudas solo pensando en las cuentas o en que tu amigo es una persona genial, te conseguirás más temprano que tarde con un monstruo implacable que se llama “convivencia”.

Todo en lo que no estás pensando

Esa convivencia, palabras más palabras menos, se traduce en hábitos y rutinas concretas en torno a la limpieza, el orden, al ruido, a las visitas y los invitados que puedan recibir y, cómo no, a la comida de la alacena y la nevera. Cosas tan elementales que ni siquiera se te cruzaron por la cabeza.

A todo eso debes establecerle normas con tu compañero. Conversarlo de forma directa, pausada, cerciorándose de que cada decisión quede clara les será de mucha ayuda a ambos antes de que surja una eventual diferencia.

Ciertamente hay personas que nunca se sentaron a hablar sobre esos temas y les fue muy bien viviendo juntos. En ese caso debes saber que estarías apelando al sentido común y eso, como ya sabes, de “común” no tiene nada porque las costumbres y las creencias difieren en buena medida de la familia en la que crecimos.

Así que lo mejor, como siempre, es prevenir y dialogar.

Limpieza y orden: El desorden y el desaseo siempre han sido un punto álgido de la convivencia porque algunos resultamos más flexibles que otros en ese tema. Por lo pronto, céntrate en discutir cosas como: ¿Quién lavará los platos? ¿Los lavarán inmediatamente después de comer o permanecerán sucios unas cuatro horas más? ¿Y si comparten el baño? ¿La casa la limpiarán todos los días, cada semana o cada quince días? ¿Habrá un día específico para hacerlo? ¿Con cuál producto la asearán? (sí, hasta los productos de limpieza que usarás caen en el terreno de la negociación porque tu compañero puede resultar alérgico a alguno).

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El mercado: Las mismas preguntas debes realizarlas con respecto a la comida: ¿Compartirán los gastos del mercado? ¿Cocinará cada quien por su lado? En caso de que decidan hacerlo juntos, ¿cómo se organizarán para ir al supermercado y llevar al día las cuentas? Y de hacerlo separados, ¿cuál será mi espacio en la despensa y en la nevera? Si cada quien se encargará de su comida, por favor jamás te comas algo que no es tuyo.

Ruido y visitas: Invitados que quieras llevar a casa, reunirte con tus amigos, alguien que vaya a pernoctar y las visitas de tu pareja son cosas que debes manejar cuidadosamente porque tu roommate se mudó solo contigo, recuérdalo. Demás está decir que mantener bajo control los decibeles en tus reuniones es una regla inquebrantable, sobre todo cuando en tu actividad no está participando tu compañero, aunque esté en su habitación.

Mascotas: Si amas vivir con mascotas y la persona con la que pretendes cohabitar no tolera los animales, olvídalo, no habrá nada que hacer.

Imagen por: Pixabay

 

Se responsable: Mantente al día con tus obligaciones sin excusas. Paga las cuentas de los servicios cuando te corresponda porque un simple olvido acarreará incomodidades que pueden alterar la rutina por días a tu compañero y a ti mismo. Nadie querrá estar a oscuras porque alguien olvidó pagar a tiempo el servicio de luz.

La privacidad: Un punto aparte merece la privacidad. Tanto tú como tu amigo tienen derecho a que se les respete no solo sus espacios, sino también su intimidad. Habrán días en que estén dispuestos a socializar más, pero que vivan bajo el mismo techo no los obliga a ser inseparables.

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Las visitas de las parejas, el sexo, y todo lo que vayas “descubriendo” de tu compañero deben quedar ahí. Por más que te molesten algunas cosas que haga, asegúrate de ser discreto con la información que ahora tienes de esa persona. Y preocúpate de que tu privacidad también está a salvo.

Todo esto es importante si no quieres perder la amistad.

La idea no es que empieces a descubrir en tu compañero hábitos despreciables que nunca pensaste que existían. Mantén una actitud de tolerancia e incluyente. El equilibrio se logra cuando conoces y respetas qué puede tolerar la otra persona y qué le molesta realmente.

Fuentes: Vice.com; Elcomercio.pe

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